Lima 13 Abr. (ANDINA) -
La solidez macroeconómica de una Nación no constituye un fin en sí mismo, sino la plataforma indispensable para ejecutar transformaciones estructurales que deriven en un bienestar social tangible y permanente.
En la actualidad, Perú se enfrenta a un desafío estadístico y político de primer orden, la necesidad de dinamizar la inversión como la variable maestra para romper el techo de un crecimiento que, aunque resiliente, corre el riesgo de volverse inercial, señala entrevista publicada en el Suplemento Económika del Diario El Peruano.
Liderazgo
De acuerdo con las proyecciones actualizadas presentadas en el informe del Banco Mundial (BM) titulado Panorama económico de América Latina y el Caribe: revisitando la política industrial: opciones estratégicas para la actualidad, se estima que el producto bruto interno (PBI) del país alcanzará una expansión de 2.7% en el 2026.
Esta cifra sitúa a la economía peruana en una posición de liderazgo comparativo frente al promedio de América Latina y el Caribe (ALC), proyectado en apenas 2.1%. Sin embargo, este diferencial positivo resulta insuficiente para absorber las demandas de una población que exige servicios de calidad y empleos formales de alta productividad.
Este liderazgo estadístico se manifiesta con especial énfasis al comparar el desempeño peruano con sus pares directos, es decir, las economías más grandes y sistémicas de la región (ALC-6).
Al situarse por encima de las proyecciones de crecimiento de potencias regionales como Brasil, México, Chile y Colombia, Perú demuestra una capacidad de tracción superior dentro del bloque de naciones con mayor impacto en el PBI continental.
Banco Mundial mejora perspectiva de crecimiento del Perú a 2.7% para el 2026
Este posicionamiento estratégico es el que, según los especialistas, permite al país captar la atención de los mercados globales, fundamentado en una disciplina monetaria y fiscal que otorga una ventaja competitiva frente a vecinos con estructuras económicas de similar envergadura
La formación bruta de capital debe dejar de ser una respuesta reactiva a los ciclos de precios internacionales de las materias primas. El verdadero motor del desarrollo reside en una inversión privada y pública que actúe de forma proactiva, orientada a la diversificación y a la eficiencia operativa.
El economista jefe para América Latina y el Caribe del BM, William Maloney, sostiene en el citado estudio que la región requiere de una política industrial entendida esencialmente como una “política de aprendizaje”. Para el caso peruano, la visión de Maloney implica que el gasto de capital no debe limitarse únicamente a la ampliación de la capacidad instalada en sectores tradicionales, sino que debe enfocarse en la absorción y adaptación de nuevas tecnologías que eleven la productividad marginal de todos los factores productivos de la Nación.
Esta transición es vital para evitar que el crecimiento se estanque en cifras moderadas y pase a una fase de expansión robusta y sostenida bajo un nuevo paradigma de eficiencia.
La radiografía social que ofrece el índice de pobreza multidimensional es reveladora y exige una respuesta inmediata mediante la inversión estratégica.
Ingresos
El análisis de Maloney demuestra que la mejora de los ingresos monetarios, aunque fundamental, es una condición incompleta si no viene acompañada por inversiones en capital humano e infraestructura básica.
Estas inversiones son las que permiten una penetración de segmento efectiva en los mercados globales de mayor valor añadido. No podemos ignorar que una parte significativa de la reducción de la pobreza en la década pasada fue cíclica; hoy, la tarea es construir una base estructural sólida.
Esto significa que la inversión debe dirigirse a cerrar las brechas de conectividad digital, saneamiento y calidad educativa, factores que operan como multiplicadores de la competitividad individual. La resiliencia operativa de Perú, destacada por el economista jefe del BM, ofrece el margen de maniobra necesario para que la solvencia fiscal se traduzca en proyectos que impacten directamente en la calidad de vida de los ciudadanos más vulnerables de forma definitiva.
Desde una perspectiva propositiva, el sector privado tiene ante sí la oportunidad histórica de liderar la transición hacia una economía más verde y digitalizada.
La abundancia de minerales críticos y el potencial de generación de energía limpia posicionan a Perú como un destino privilegiado para los flujos de capital global que buscan proyectos de descarbonización y resiliencia operativa.
No obstante, para que estos capitales se materialicen en 140 millones de dólares de inversión real o escalas superiores resulta imperativo fortalecer la seguridad jurídica y la predictibilidad regulatoria.
Maloney enfatiza que el Estado debe actuar no como un planificador centralizado de éxitos, sino como un facilitador que mitiga los riesgos de la experimentación tecnológica y corrige las fallas de mercado que frenan el escalamiento de las empresas medianas hacia la frontera de la innovación global.
La meta no debe ser solo exportar materia prima, sino integrar procesos de valor que utilicen la tecnología para diferenciar el producto peruano en el exterior de manera competitiva.
La gestión de la inversión también debe abordar la fragmentación institucional que a menudo posterga los grandes proyectos de infraestructura estratégica.
Una colaboración público-privada transparente y ágil es la ruta para que la liquidez del sistema financiero se canalice hacia obras con alta transferencia tecnológica. Al integrar a las pequeñas y medianas empresas en las cadenas de valor de la gran minería o la agroindustria de precisión, se genera un efecto de arrastre que democratiza los beneficios del crecimiento económico. Maloney es enfático al decir que la apertura comercial por sí sola no garantiza el desarrollo si no se cuenta con la capacidad interna para identificar y explotar nuevas oportunidades de mercado, productos y procesos disruptivos.
Fortaleza
La resiliencia demostrada por Perú ante choques externos debe ser ahora el combustible para una reforma interna que acelere la ejecución presupuestal en proyectos de infraestructura que posean un alto impacto social y económico. Además, el informe liderado por Maloney subraya que la política industrial moderna requiere fortalecer al Estado para corregir fallas de mercado específicas.
No se trata de intervenciones distorsionadoras, sino de crear un entorno donde la experimentación y la asunción de riesgos sean posibles para los emprendedores.
Perú, gracias a su solvencia fiscal, tiene la capacidad de financiar programas de desarrollo de capacidades en todo el espectro del capital humano, desde la formación técnica hasta la investigación avanzada.
Esta inversión en conocimiento es la que permitirá que el país supere el promedio regional de forma sostenida, dejando de depender exclusivamente del contexto externo y las fluctuaciones de los precios de exportación. El crecimiento de 2.7% es una señal de estabilidad envidiable, pero Maloney advierte que el objetivo debe ser alcanzar tasas que permitan una convergencia real con las economías desarrolladas mediante la innovación constante.
La eficiencia en la asignación de recursos será el factor que determine si Perú logra capitalizar su ventaja competitiva en la región. La infraestructura logística, la simplificación administrativa y la digitalización de los servicios estatales son inversiones de bajo riesgo y alto retorno que pueden ejecutarse de manera inmediata.
Al mejorar el clima de negocios, se incentiva la reinversión de utilidades y se atrae inversión extranjera directa de calidad, interesada en la estabilidad a largo plazo que ofrece el marco macroeconómico peruano. Maloney, en su análisis del “Panorama económico de América Latina y el Caribe”, es claro al señalar que aquellos países que logren articular sus ventajas naturales con una sólida política de aprendizaje serán los que lideren la recuperación en la segunda mitad de la década. Esta visión propositiva es la que debe guiar la agenda de competitividad del país para los próximos años fiscales.
Ventaja comparativa
El papel de la tecnología y la innovación en este proceso es insustituible y central en el discurso del economista jefe. La inversión debe enfocarse en sectores donde Perú ya posee una ventaja comparativa, como la agroexportación y la minería, pero elevando el componente tecnológico de estas actividades drásticamente.
La adopción de inteligencia artificial para la optimización de recursos hídricos en el desierto o el uso de energías renovables para una minería con huella de carbono neutra no son solo metas ambientales, sino estrategias de mercado para asegurar la penetración de segmento en Europa y Asia. Estas “apuestas informadas”, como las denomina Maloney, son las que definen el éxito de una política industrial moderna que no teme al cambio.
Perú tiene los fundamentos macroeconómicos para ser el laboratorio de estas soluciones tecnológicas en la región andina, aprovechando su apertura comercial y su acceso a mercados globales. La resiliencia operativa que menciona el informe no es solo una capacidad de resistir crisis, sino una aptitud para adaptarse y evolucionar.
Maloney recalca que la solvencia fiscal peruana es un activo estratégico que debe usarse para catalizar la inversión en ciencia y tecnología. Sin este componente, el crecimiento del 2.7% podría ser transitorio.
Capital estratégico
La reactivación vigorosa de la inversión privada se posiciona como el eje propositivo fundamental para superar el crecimiento inercial y consolidar el bienestar. Perú debe capitalizar su envidiable posición fiscal para incentivar un gasto de capital orientado a la infraestructura digital y la sostenibilidad energética.
En lugar de depender exclusivamente del consumo, la propuesta se centra en atraer flujos financieros que busquen seguridad jurídica y transferencia tecnológica. Al fortalecer los sistemas de innovación y reducir las barreras burocráticas, el país facilita que sus empresas alcancen una mayor resiliencia operativa frente a choques externos.
La meta es clara: transformar la solvencia macroeconómica en una ventaja competitiva que permita al tejido empresarial peruano insertarse con éxito en las cadenas de valor globales, garantizando que el crecimiento proyectado de 2.7% se traduzca en una diversificación real de la matriz productiva y en un desarrollo social que no dependa únicamente de factores externos.
Datos
- La visión del BM es transformar el modelo extractivo en un modelo de conocimiento. Esto requiere un compromiso firme de los hacedores de política para reducir la burocracia y fomentar centros de investigación que colaboren directamente con la industria.
- La inversión en conectividad rural, por ejemplo, no es solo un gasto social, sino una inversión en la ampliación del mercado interno y en la integración de talentos que hoy están al margen del sistema productivo formal.