Lima 2 Mar. (ANDINA) -
La infraestructura eléctrica en el Perú dejó de ser una cuestión meramente técnica para transformarse en un factor determinante de la resiliencia operativa y la solvencia financiera de las compañías en el largo plazo.
El gerente comercial de Conductores Eléctricos CELSA, David Lavandero, pone sobre la mesa una realidad cruda: el 70% de las 37 emergencias diarias registradas en el país tiene un origen eléctrico.
Esta cifra no es solo un indicador de riesgo físico para la integridad de las personas, sino también el síntoma de una erosión patrimonial silenciosa que oscila entre los 140 millones y 190 millones de dólares anuales, señala artículo publicado en el Suplemento Económika del Diario El Peruano.
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El mercado peruano enfrenta actualmente una distorsión sistemática alimentada por la comercialización de productos subestándar y conductores de menor calibre. Bajo la apariencia de un ahorro en el gasto de capital inicial, muchas organizaciones están, en realidad, hipotecando su continuidad de negocio.
Costos
Lavandero advierte que esta competencia desleal genera una falsa reducción de costos que, a la postre, incrementa significativamente la probabilidad de fallas críticas, incendios y reposiciones anticipadas.
Esta práctica no solo afecta la vida útil de los activos fijos, sino que además impacta directamente en la viabilidad financiera de los proyectos y la valoración económica de la infraestructura nacional.
En un ecosistema financiero donde la transparencia y la calidad son fundamentales, una instalación deficiente se traduce en primas de seguros más elevadas, deducibles punitivos e incluso restricciones severas de cobertura que merman la rentabilidad del flujo de caja. Desde una perspectiva de gestión industrial, el análisis de riesgo debe trascender el costo unitario por metro de cable.
El verdadero impacto financiero de un incidente eléctrico no reside en el valor del insumo dañado, sino en la paralización total de las operaciones.
Según explica Lavandero, una interrupción mayor puede generar pérdidas millonarias derivadas de incumplimientos contractuales, cese de producción y costos de recuperación que superan con creces cualquier ahorro marginal obtenido al adquirir insumos sin certificación de la Organización Internacional de Normalización (ISO, por sus siglas en inglés).
La seguridad eléctrica, por lo tanto, debe entenderse como una medida de protección patrimonial estratégica y un pilar de sostenibilidad. Evitar una sola detención mayor puede compensar varias veces la inversión en infraestructura segura, transformando un gasto operativo en un activo de resiliencia.
Cultura de seguridad
La adopción de una cultura de seguridad eléctrica, respaldada por sistemas integrados de gestión, no debe verse como un lujo regulatorio, sino como un vehículo crítico para optimizar los costos de mantenimiento y asegurar un retorno de inversión (ROI) previsible.
En la actualidad, el cumplimiento de estas normativas mejora la trazabilidad de los procesos y garantiza una mayor estabilidad en el valor de los activos, factores que las entidades financieras y los inversores globales consideran fundamentales al evaluar perfiles de riesgo operativo.
Además de proteger la seguridad de las personas, optar por soluciones certificadas también mejora la sostenibilidad financiera y reduce el costo sistémico del riesgo para el país.
La competitividad estructural de la industria peruana exige una apuesta decidida por la certificación técnica de su capital humano. Al elevar los estándares de electricistas y técnicos mediante capacitación, se incrementa su valor de mercado y se garantiza la ejecución de proyectos bajo criterios técnicos adecuados.
El ejecutivo recalca que estas instalaciones certificadas eliminan los sobrecostos por retrabajos y fallas operativas que suelen superar ampliamente el ahorro inicial de usar mano de obra no calificada.
Al mitigar el riesgo, las empresas se posicionan como socios confiables bajo los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés), logrando mejores condiciones de financiamiento.
El futuro de la productividad nacional depende de entender que la precariedad en el espectro eléctrico es el camino más corto hacia la insolvencia operativa.
Riesgo visible
La proliferación de insumos eléctricos que incumplen los estándares técnicos básicos desvirtúa el valor presente de los proyectos en el territorio nacional. Esta práctica obliga a las organizaciones a realizar provisiones por riesgo operativo mucho más agresivas, afectando la sostenibilidad financiera a largo plazo.
La elección de conductores certificados bajo normativas internacionales permite una trazabilidad que las entidades financieras valoran positivamente al evaluar la calidad de los activos industriales.
En última instancia, la capacitación técnica del personal no solo reduce el costo sistémico para el país, sino que además garantiza que la eficiencia de los procesos no se vea comprometida por fallas críticas evitables que destruyen valor corporativo.
Datos
- La certificación técnica eleva el valor de mercado y la empleabilidad de los electricistas en proyectos industriales formales.
- El cumplimiento de estándares ISO extiende la vida útil de los equipos y genera estabilidad en el flujo de caja.
- Las empresas con gestión certificada presentan un perfil de riesgo menor y acceden a mejores condiciones de financiamiento.
- Conductores Eléctricos CELSA presentó la campaña nacional Conecta Seguro, una iniciativa de educación, prevención y sensibilización en seguridad eléctrica que busca elevar los estándares técnicos del mercado y reducir riesgos en hogares, comercios e industrias.
(FIN) DOP/SDD