Andina/Inclusión Financiera Avanza En El Perú
Lima 6 Jul. (ANDINA) -
La interoperabilidad obligatoria y el despliegue de infraestructuras de pagos en tiempo real dinamizan el consumo formal, reduciendo el uso de efectivo e incorporando exitosamente a las poblaciones rurales al ecosistema financiero.
El pulso macroeconómico de una nación suele medirse en sus tasas de interés o en el comportamiento de su producto interior bruto, pero la verdadera transformación estructural se revela en la capilaridad de sus transacciones cotidianas.
De acuerdo con los indicadores oficiales del Banco Central de Reserva (BCR), el país registra un avance vertiginoso en materia de inclusión financiera, al alcanzar 665 pagos digitales per cápita al cierre de 2025; un salto cuántico si se compara con las apenas 29 operaciones anotadas en 2018, señala informe publicado en el Suplemento Económika del Diario El Peruano.
MEF: Perú busca cerrar brechas de inclusión financiera con más acceso al crédito
Este crecimiento relativo, el más alto de la región en el último septenio, permite que el indicador de pagos digitales de la entidad emisora procese un torrente de 1,555 millones de operaciones mensuales de bajo valor, dinamizando el consumo y reduciendo en 36% el uso de efectivo debido a la adopción tecnológica.
Acceso al dinero
Detrás de este big bang transaccional se observa una calculada estrategia de arquitectura financiera pública y privada orientada a democratizar el acceso al dinero. El ecosistema nacional dejó atrás la era de los silos propietarios y los mercados cerrados, en la que las dos principales billeteras comerciales adolecían de una fragmentación ineficiente.
La interoperabilidad total obligatoria, dictada por el BCR, integró bancos, cajas municipales y empresas de dinero electrónico en un tejido común, elevando las operaciones con esta cualidad a 271 millones solo en diciembre de 2025.
El avance estadístico es notable; no obstante, el gran reto sectorial radica en el 64% de las transacciones de consumo que todavía se realizan en efectivo. Este escenario delimita el verdadero campo de acción: el desarrollo de incentivos atractivos para incorporar a los ciudadanos a la economía formal y la superación de barreras culturales mediante soluciones innovadoras.
Riel de compensación
Para potenciar esta dinámica de inclusión, la autoridad monetaria diseñó una ambiciosa propuesta regulatoria que se consolidará durante este año.
La pieza angular de esta nueva arquitectura es una infraestructura pública digital denominada Transferencias Automáticas de Pagos Peruanos (TAPP). Inspirada en el exitoso modelo de la Interfaz de Pagos Unificados (UPI) de la India —plataforma que ya apalanca a más de 400 millones de usuarios y 300 millones de comercios—, TAPP opera como un riel de compensación neutral en tiempo real gestionado por el BCR.
Su diseño conceptual resulta propositivo para el orden bancario tradicional, pues habilita la iniciación de pagos directos desde cualquier cuenta de depósito sin que el usuario requiera ingresar a la aplicación nativa de su entidad.
Con ello, TAPP introduce una nítida especialización de funciones en el negocio, lo que permite que las empresas de tecnología financiera (fintechs) y las grandes corporaciones tecnológicas (bigtechs) actúen como proveedoras de aplicaciones sin la necesidad de asumir el elevado coste de capital o las complejidades regulatorias que exige la gestión directa de fondos.
La propuesta de valor de TAPP redefine las reglas de juego competitivas y redistribuye las ganancias en el mercado financiero. Al establecer un esquema tarifario homogéneo basado estrictamente en la recuperación de costes por parte del instituto emisor, la plataforma garantiza una tarifa plana por transacción que nivela el terreno de juego.
Competencia
Las entidades financieras tradicionales de gran envergadura y las pequeñas microfinancieras del interior del país competirán, por primera vez, bajo idénticas condiciones operativas, ampliando la oferta formal para el ciudadano.
Para el comercio minorista, los beneficios se traducen en menores costes de adquirencia, una aceleración de la conciliación de flujos y la posibilidad de ejecutar cobros de tipo pull (débito automático autorizado), mitigando el coste de oportunidad del dinero inmovilizado.
Asimismo, el uso del TAPP ID, un identificador digital enmascarado, mitiga el riesgo de fraude y eleva los estándares de ciberseguridad; un factor crítico para vencer la desconfianza histórica de los segmentos no bancarizados.
La estrategia del BCR reconoce que la verdadera inclusión financiera se juega en la periferia geográfica; un espacio idóneo para expandir las oportunidades del sector privado.
La correlación estadística de -0.9 calculada por el ente emisor entre la tenencia de billeteras digitales y el uso exclusivo de efectivo en el consumo evidencia que el reto es, ante todo, de conectividad y cobertura.
Mientras Lima ostenta una penetración de billeteras del 62% y reduce el empleo exclusivo de dinero físico al 38%, departamentos como Apurímac, Amazonas y Huancavelica exhiben niveles de consumo transaccional que superan el 85%, lo que plantea la necesidad urgente de desplegar infraestructura tecnológica robusta y programas dinámicos de educación financiera. Para abordar esta brecha, la autoridad monetaria desplegó el Piloto de Innovación de Dinero Digital mediante una moneda propia (CBDC).
Los resultados de la billetera BiPay, operada en alianza con la firma de telecomunicaciones Bitel y auditada por el ente emisor, ofrecen valiosas lecciones para la banca de desarrollo global.
Avance
Al cierre de abril de 2026, el piloto alcanzó los 4.93 millones de usuarios totales, registrando un crecimiento superior al 512% desde finales de 2024. Lo verdaderamente relevante para el análisis es la respuesta favorable observada en las ocho regiones con menor bancarización del país. En estos territorios, los ciudadanos activos crecieron 1,216%, superando con creces la media nacional.
Más aún, el billete físico se está transformando en activo digital, las recargas en efectivo pasaron del 0% al 20% en zonas rurales y el ticket promedio de las transferencias persona a persona descendió 67%, situándose en 18 soles. Esta caída en el valor medio de la transacción constituye el síntoma inequívoco de que la CBDC avanza con éxito en el reemplazo del dinero físico en las microtransacciones de la economía diaria.
El éxito de este modelo híbrido reside en su arquitectura de dos niveles. El BCR retiene el control de la capa 1, emitiendo y liquidando los fondos con un respaldo absoluto del 102% en el sistema de liquidación bruta en tiempo real (LBTR). Por su parte, el sector privado gestiona la capa 2, encargándose de la distribución comercial y la experiencia de usuario.
El pilar tecnológico que viabilizó esta inclusión es el canal offline USSD, un protocolo que permite realizar transacciones mediante comandos telefónicos simples sin necesidad de disponer de un teléfono inteligente (smartphone) ni de datos móviles.
Esta simbiosis generó un potente efecto palanca hacia el sistema regulado: el 48% de las personas no bancarizadas del piloto manifiesta actualmente su interés en migrar hacia una cuenta financiera formal.
La convergencia de estos tres pilares –la interoperabilidad ya ejecutada, la infraestructura abierta de TAPP en progreso y el piloto CBDC enfocado en la exclusión rural– configurará a partir de este año una de las arquitecturas transaccionales más avanzadas de los mercados emergentes. La regulación habilitadora y la provisión de bienes públicos digitales no asfixian la innovación privada, sino que multiplican el tamaño del mercado.
Al proveer una carretera digital común, neutral y de alta disponibilidad (24/7), el BCR asume la función de catalizador y deja la transformación comercial en manos de bancos, fintechs y operadoras de telecomunicaciones. El reto remanente ya no es tecnológico, sino de economía política: garantizar que el nuevo marco normativo del Sistema Nacional de Pagos, que entró en vigor el 1 de abril de 2026, mantenga su neutralidad competitiva frente a las presiones de los actores históricos y logre la incorporación masiva del tejido informal.
Solo entonces el avance transaccional peruano se consolidará como el motor estructural definitivo para el desarrollo y la equidad del país.
Disrupción Fintech
El despliegue de la infraestructura TAPP y la progresiva implementación de la fase 4 de interoperabilidad reconfiguran de raíz las ventajas competitivas en el mercado de servicios de pago.
Históricamente, las entidades bancarias tradicionales ejercieron un dominio absoluto sobre el ecosistema minorista debido a su capacidad exclusiva para captar depósitos y gestionar cuentas de fondos. El nuevo ordenamiento introduce una nítida especialización de funciones que desarticula esta barrera de entrada.
Las empresas de tecnología financiera (fintechs) y las firmas de telecomunicaciones independientes pueden operar ahora bajo la condición de proveedores de aplicaciones, interactuando directamente con el usuario final sin incurrir en los costes regulatorios e infraestructurales que demanda una licencia bancaria formal. Al apalancarse en interfaces de programación de aplicaciones (API) abiertas y estandarizadas bajo la neutralidad del BCR, estas organizaciones optimizan su estructura de costes fijos y dinamizan su velocidad de comercialización. Esta transformación reduce de manera drástica el coste de oportunidad para los nuevos competidores, capturando segmentos desatendidos por la banca corporativa.
La rivalidad ya no se centrará en la custodia de los pasivos, sino en la sofisticación de la experiencia digital y el diseño de soluciones a medida del comercio menor.
Datos
- La centralización y la apertura acelerada del Sistema Nacional de Pagos en el ámbito de la plataforma TAPP y la Cámara de Compensación Electrónica (CCE) conllevan una sustancial amplificación de los riesgos operativos y tecnológicos de la red.
- Al interconectar de forma estrecha a 52 participantes heterogéneos —que abarcan desde entidades comerciales con robustas infraestructuras globales hasta microfinancieras rurales y operadoras de telecomunicaciones—, la superficie de vulnerabilidad ante ciberataques y fallos sistémicos se expande de manera exponencial.
- La resiliencia operativa se convierte en el pilar crítico del ecosistema.
googletag.cmd.push(function () { googletag.display('top3_ad'); });