Andina/Carlos Américo Lezama Villantoy
Lima 21 Sep. (ANDINA) -
El 1 de setiembre de este año se obtuvo un logro histórico en la relación comercial del Perú con Hong Kong: arancel cero inmediato para la totalidad de su oferta exportable.
El tratado de libre comercio suscrito con esa plaza asiática no se limita a eliminar la última barrera pendiente en un mercado que ya operaba como puerto libre, señala artículo publicado en el Suplemento Económika del Diario El Peruano.
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Además, entrega reglas de origen ordenadas, procedimientos aduaneros previsibles y una plataforma institucional para resolver controversias, atributos que las empresas peruanas exportadoras valoran tanto o más que la propia rebaja arancelaria vigente.
Comercio
El potencial que abre este acuerdo es considerable y merece dimensionarse con cifras concretas. De acuerdo con el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri), Hong Kong importa del mundo 20,948 millones de dólares en mercancías agropecuarias y exporta apenas 9,788 millones, un déficit sectorial de 11,160 millones de dólares que revela una demanda insatisfecha de proporciones notables.
El Perú, que en su mejor año colocó 275 millones de dólares en frutas y hortalizas, tiene ante sí un segmento potencial que supera los 7,000 millones de dólares: arándanos, uvas, paltas, cítricos, mangos, espárragos y frutas congeladas concentran las oportunidades más inmediatas.
Mientras que salsas, panadería y chocolates procesados abren una segunda ola de crecimiento todavía sin explotar.
Capitalizar esa puerta abierta exige, no obstante, mirar más allá del texto legal, además de aprovechar las oportunidades del mercado.
Arándanos, paltas y uvas concentraron 93% del valor exportado en 2025, y el desplome de 62% registrado ese año, seguido de otra caída de 50% en el primer semestre de 2026, expuso cuánto depende la balanza comercial de apenas tres cosechas.
Detrás de esa volatilidad opera un factor que ningún capítulo arancelario negocia: el riesgo climático físico.
Sequías, heladas fuera de temporada, floraciones anticipadas y estrés hídrico alteran calibres, ventanas de cosecha y volúmenes exportables antes de que cualquier preferencia comercial entre en juego.
Esa incertidumbre agronómica erosiona precisamente la previsibilidad de ingresos que el tratado busca ofrecer.
Impacto
Para los exportadores, la implicancia práctica es clara y exige decisiones concretas de inversión: el desafío deja de ser solo comercial.
La resiliencia operativa frente a fenómenos climáticos, la diversificación varietal y geográfica de los fundos, y la inversión en riego tecnificado se vuelven tan decisivas como el capex logístico destinado a cadena de frío o al aprovechamiento del corredor de Chancay.
Quien concentre su oferta en tres frutas y un puñado de valles asumirá un coste de oportunidad creciente cada vez que el clima, y no el mercado asiático, determine el volumen embarcado. El acuerdo con Hong Kong entrega, pues, una ventana comercial genuina y largamente esperada por el sector; su rentabilidad futura, sin embargo, dependerá de una gestión agroclimática que hoy luce incipiente.
La agricultura de exportación peruana necesita blindar su oferta contra la variabilidad del clima con la misma disciplina con la que negoció preferencias arancelarias porque ningún certificado de origen protege una cosecha que simplemente no llega jamás a tiempo al puerto.
Empleo
El agroexportador emplea a miles de familias rurales cuyos ingresos dependen del ritmo de embarques hacia Asia.
Cada caída en arándanos o paltas golpea directamente jornales de cosecha, empaque y transporte en valles como Ica y La Libertad. El tratado con Hong Kong, al abrir espacio a productos procesados y frutas menos exploradas, ofrece una vía para sostener y ampliar empleo formal agrícola, siempre que la diversificación reemplace pronto la concentración actual.
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