Lima 26 May. (ANDINA) -
La economista africana Dambisa Moyo, miembro de la Cámara de los Lores británica y una de las voces más influyentes del mundo en macroeconomía y globalización, afirmó que el Perú tiene la oportunidad de “cambiar su historia” y convertir su riqueza minera en una plataforma de progreso sostenible, en un contexto global encaminado a la desglobalización, la inteligencia artificial, la transición energética y una creciente competencia por capitales.
Durante su presentación en el Simposio – XVI Encuentro Internacional de Minería, organizado por la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía (Snmpe), Moyo analizó los principales desafíos de la economía global y la geopolítica, con especial énfasis en el rol que pueden desempeñar países productores de minerales críticos como el Perú.
La especialista señaló que el mundo ha ingresado a una etapa de menor crecimiento económico, luego de la crisis financiera de 2008 y la pandemia de 2020. En ese contexto, explicó que ya no se observarán con facilidad tasas de crecimiento de dos dígitos ni niveles cercanos al 6% que economías emergentes como la peruana alcanzaron en décadas anteriores.
“Para que un país pueda duplicar su ingreso per cápita en una generación, necesita crecer de manera sostenida al menos 3% anual y el Perú se viene manteniendo alrededor de este umbral”, afirmó. Añadió, sin embargo, que esta meta será cada vez más exigente en un entorno internacional de mayor inflación, tensiones geopolíticas y menor dinamismo global.
Moyo sostuvo que, pese a este escenario desafiante, existen dos grandes superciclos que marcarán las inversiones globales en los próximos años: la inteligencia artificial (IA) y la transición energética. Sobre el primero, indicó que la IA tiene el potencial de transformar la productividad mundial, reducir costos y generar nuevas oportunidades económicas. Sobre el segundo, señaló que la electrificación y la sostenibilidad mantendrán una ventana relevante para los países productores de minerales críticos.
Sin embargo, advirtió que estos superciclos también plantean riesgos. En el caso de la inteligencia artificial, mencionó sus posibles efectos sobre el mercado laboral, especialmente en la desaparición de empleos vinculados a tareas rutinarias. También alertó sobre tendencias estructurales como la crisis demográfica, la caída de la calidad educativa, la desigualdad y el aumento de la migración, factores que vienen alimentando una mayor inestabilidad política y social a nivel global.
Respecto al cobre en específico, Moyo sostuvo que los actuales precios altos representan una oportunidad para el Perú, pero no deben llevar a la complacencia. “El Perú no puede confiarse en depender únicamente del cobre ni asumir que la demanda durará para siempre. Necesita cambiar su historia, fortalecer su estabilidad jurídica, mejorar su educación e infraestructura, y construir una narrativa propia capaz de convencer a los inversionistas de asumir riesgos”, señaló.
Asimismo, Moyo afirmó que el contexto actual exige mirar las lecciones del pasado. “La historia se repite”, sostuvo al comparar los shocks del periodo 1914-1929 —guerra mundial, pandemia y depresión económica— con los eventos recientes: la crisis financiera global, la pandemia y las actuales tensiones bélicas. Según explicó, el mundo podría enfrentar décadas de fricciones económicas internacionales, en un contexto de desglobalización y competencia más intensa por capitales.
En ese escenario, sostuvo que atraer inversión será cada vez más difícil, debido a que el capital se está volviendo más regional, más cauteloso y más nacionalista. Por ello, afirmó que el Perú debe diferenciarse frente a otros países que compiten por los mismos recursos financieros, y aunque sea difícil trabajar en un bloque regional para ello.
Finalmente, Moyo remarcó que el reto del Perú no es solo vender cobre, sino transformar su potencial minero en desarrollo, competitividad y resiliencia frente a un mundo más fragmentado. Para lograrlo, indicó, el país debe actuar con visión de largo plazo, humildad estratégica y capacidad de adaptación ante los cambios tecnológicos, económicos y geopolíticos.
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