Publicado 20/10/2026 07:10

Perú es uno de los países menos riesgosos para invertir en la región

Andina/Rojas-Suárez

Lima 20 Oct. (ANDINA) -

La curva de rendimiento en dólares del Perú tiende a converger y su riesgo país casi no tuvo variación pese al alza global de tasas, en un contexto en el que el mercado ya distingue entre las economías latinoamericanas. Así lo muestra la comparación entre Colombia, Chile y Perú que presentó la directora de la Iniciativa para América Latina y miembro sénior del Centro para el Desarrollo Global, Liliana Rojas-Suárez.
Durante la cuarta edición del Encuentro Regional de Desarrollo, impulsado por Credicorp, su conclusión fue, matizada por ella misma: en esa muestra, el Perú es menos riesgoso.

Factores

El telón de fondo es áspero. Rojas-Suárez identifica tres fuerzas que se alimentan entre sí: la guerra de Irán, que disparó el precio del Brent y sobre todo del diésel, una deuda pública mundial cercana a los niveles de la Segunda Guerra Mundial y la revolución de la inteligencia artificial, cuyas grandes tecnológicas financian con deuda su gasto de capital.

El petróleo presiona la inflación en el corto plazo. El endeudamiento lo hace en el mediano, porque los mercados sospechan que los Estados licuarán sus pasivos con inflación. El resultado son tasas más altas y financiamiento más caro.

Un bono soberano en dólares se descompone en dos piezas: el rendimiento del Tesoro estadounidense, común a todos, y el riesgo país, propio de cada economía.

La primera domina el movimiento reciente. La segunda separa a los emisores. En Chile y el Perú, el riesgo país varió muy poco. En Colombia, la curva es más empinada: nadie quiere comprar a 20 o 30 años sin una solución al problema fiscal, aunque el riesgo país cedió algo por la expectativa que despertó el nuevo gobierno.La curva peruana, en cambio, tiende a cerrar la brecha en el largo plazo, señal de que los inversionistas no ven motivo para un castigo mayor.

Reservas

Las fortalezas explican esa percepción. La primera son las reservas internacionales. La economista las define como la mayor prueba de confianza que un país ofrece al mundo y recuerda que, en América Latina, reemplazan al prestamista de última instancia, porque un banco central no emite dólares.

En el ratio de reservas sobre vencimientos de corto plazo, que mercados y organismos multilaterales vigilan de cerca, el Perú destaca.

La segunda es la conducta fiscal posterior a la pandemia. Todos los países ampliaron su déficit dentro del periodo del covid-19; la diferencia está en quién corrigió después.Chile, Ecuador, Perú y Paraguay lo hicieron. Bolivia, Brasil y Colombia, no.De ahí la tercera ventaja: margen para una política monetaria contracíclica. México, Chile y el Perú lo tienen. Brasil y Colombia, con déficits elevados, deben seguir subiendo tasas.

Menos riesgoso no significa libre de riesgo. La región goza de buena salud macroeconómica, pero no crece, y es la que menos crece entre los emergentes. La informalidad y un acceso financiero muy inferior al del resto del mundo frenan la productividad, y sin crecimiento la deuda no se sirve.

Pesa también la debilidad institucional: el Latinobarómetro ubica al Perú entre los países con menor satisfacción ciudadana, y la confianza en los contratos condiciona la inversión.

Oportunidades

Las oportunidades, sin embargo, se encuentran identificadas. La minería ofrece la más tangible: el índice de atracción a la inversión minera vuelve a subir en la región, empujado por la demanda de minerales estratégicos de la inteligencia artificial y la transición energética.

Capturarla exige infraestructura lista, acuerdos sociales e integridad legal. La inteligencia artificial (IA) pide otra cosa: adaptarla a empresas y comunicaciones, terreno donde Chile figura como pionero regional.

La advertencia de fondo es de plazos. Con la incertidumbre de la política económica estadounidense en niveles elevados desde los aranceles, el prestamista seleccionará cada vez más a quién financia.

El Perú no puede influir en la tasa internacional; sí en lo que los inversionistas miran al discriminar. Su ventaja relativa, sin embargo, es un activo que se deprecia si el crecimiento no llega: un riesgo país bajo compra tiempo, pero no resuelve la informalidad ni la productividad.

Planilla pendiente

La directora de la Iniciativa para América Latina y miembro sénior del Centro para el Desarrollo Global sostiene que el empleo de calidad depende de una economía que crezca, y que la región no crece.

Un primer obstáculo es la informalidad, que supera el 50% de los ocupados en varias economías.Su receta es poco vistosa: abaratar el costo de ser formal porque muchas regulaciones empujan al trabajador a la sombra, y aceptar que ningún cabildeo ni decreto lo corrige de un día para otro.

El otro frente es financiero. Quien vive del efectivo no deja rastro de sus transacciones, no demuestra que es buen cliente y no accede a crédito.Con la mitad de la población fuera del sistema, el crecimiento se limita y la tensión política crece, comenta Rojas-Suárez.

Las plazas mejor remuneradas llegarían con la minería y la adopción de la IA, siempre que la infraestructura y los acuerdos sociales estén listos a tiempo para sostenerlas.

Datos

Rojas-Suárez describe un mundo donde el dinero se encarece por todos los frentes. Los bancos centrales suben tasas de forma sincronizada y los bonos de largo plazo cargan una prima mayor porque se anticipa más deuda.

Sin reformas, la deuda estadounidense pasaría de 100% a 170% del producto, empujada por el pago de intereses antes que por el gasto primario. Francia supera el 100% y podría llegar a 120%; los mercados confían más en Alemania.

A ello se suma la incertidumbre de la política económica en Estados Unidos, que se disparó con los aranceles y encarece el financiamiento. El dólar ancla todos los sistemas de pagos del mundo. Washington es su propio prestamista de última instancia; la región debe sustituirlo con reservas.

(FIN) DOP/WRR

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