Publicado 31/10/2026 11:31

Siete de cada 10 peruanos cree que jóvenes tendrán dificultades para acceder a vivienda

Andina/Juan Carlos Guzmán

Lima 31 Oct. (ANDINA) -

La vivienda propia continúa formando parte de las aspiraciones de las nuevas generaciones, pero concretarla se ha vuelto más desafiante. El Ipsos Generations Report 2026, de Ipsos, realizado en 30 países, muestra que, entre los integrantes de la Generación Z que aún no han alcanzado este hito, el 62% espera llegar a ser propietario de una vivienda a lo largo de su vida.

En Perú, la distancia entre esa aspiración y la posibilidad de alcanzarla se hace más visible. El Monitor de Vivienda 2025 de la misma consultora revela que el 68% de los peruanos conectados consultados —personas con acceso a internet que participaron en el estudio— considera que, incluso si los jóvenes trabajan duro y consiguen buenos empleos, tendrán dificultades para acceder a una vivienda adecuada.

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Entre los menores de 35 años, el 63% señala que para las personas de su edad es más difícil comprar o alquilar una vivienda hoy en comparación a la situación que vivió la generación de sus padres.

Para Willard Manrique, CEO de Grupo Crosland y especialista en Dirección Comercial, estos resultados muestran que el problema no está necesariamente en una pérdida de interés por la vivienda, sino en las condiciones que permiten transformar esa aspiración en una decisión de compra.

“Tener un buen empleo ya no necesariamente significa estar en condiciones de comprar una vivienda. También intervienen la capacidad de ahorro para una cuota inicial, el acceso al financiamiento, el plazo durante el cual una persona puede asumir una deuda y cuánto de sus ingresos necesita destinar a otras obligaciones. La aspiración sigue ahí, pero el recorrido para alcanzarla es más exigente”, explica.

La dificultad de acceso no se restringe a quienes buscan comprar. El estudio de Ipsos incluye el costo del alquiler entre los principales problemas vinculados con la vivienda en Perú, lo que amplía la discusión hacia quienes todavía se encuentran en una etapa previa a la compra.

Según Manrique, este punto es especialmente relevante al analizar las decisiones de los jóvenes. “El alquiler suele verse como una etapa de transición antes de comprar, pero también determina cuánto margen queda para ahorrar. Si una mayor parte del ingreso se destina a resolver la necesidad de vivienda en el presente, puede tomar más tiempo reunir las condiciones necesarias para asumir una compra en el futuro”, sostiene.

La vivienda empieza, incluso, a relacionarse con decisiones que aparentemente pertenecen a otros ámbitos. La Encuesta Global 2026 sobre la Generación Z y Millennials de Deloitte muestra que el 81% de la Gen Z encuestada en Perú señala que la disponibilidad o asequibilidad de la vivienda influye en sus decisiones profesionales.

Para Manrique, este resultado evidencia que el acceso a una vivienda ya no puede analizarse como una decisión aislada. “Cuando la vivienda condiciona dónde una persona puede vivir, cuánto necesita ganar o qué oportunidades laborales puede asumir, termina influyendo en otras elecciones de largo plazo. Para las empresas, esto obliga a entender mejor qué compromisos financieros está priorizando el consumidor y qué puede asumir realmente antes de ofrecerle un producto de alto desembolso”, señala.

El mercado inmobiliario muestra señales de adaptación a estas nuevas condiciones. Datos históricos de la Confederación de Desarrolladores Inmobiliarios del Perú (CODIP) muestran que el área promedio de los departamentos nuevos vendidos en Lima pasó de 76 m² en 2020 a 63.9 m² en el primer semestre de 2026.

El menor metraje permite reducir el ticket total de una vivienda y acercar la oferta a una capacidad de pago más ajustada. Sin embargo, para Manrique, disminuir metros cuadrados es solo una parte de la respuesta.

“La accesibilidad no se resuelve únicamente haciendo departamentos más pequeños. El comprador evalúa una combinación de precio total, financiamiento, ubicación y funcionalidad. El reto comercial está en encontrar un producto que pueda pagar, pero que al mismo tiempo siga respondiendo a aquello que espera de una vivienda. Esa es la diferencia entre ajustar el tamaño y realmente adaptarse al consumidor”, concluye el especialista.

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