Publicado 19/06/2026 10:28

The Economist: las lecturas que deja la portada mundialista de la revista británica

Lima 19 Jun. (ANDINA) -

La edición más reciente de The Economist presenta una portada titulada “A World Cup paradox” (La paradoja de un Mundial), en la que aparecen jóvenes vistiendo camisetas de Argentina, Brasil, Alemania y Estados Unidos, además de un personaje sin distintivos nacionales. Todos están recostados sobre el césped, acompañados por un balón de fútbol que parece pasar desapercibido frente a la atención que concentran los dispositivos móviles.

Para el periodista deportivo Ivlev Moscoso, el mensaje central de la ilustración no está relacionado necesariamente con el desenlace deportivo del torneo, sino con los cambios en los hábitos de consumo de las nuevas generaciones.

“Me parece que salen, no sé si son aficionados o jugadores, que están mucho más involucrados hoy en sus teléfonos y redes sociales, en los contenidos que hacen seguramente estas redes sociales, y están entretenidos mucho más viendo justamente captar su teléfono”, señaló a la Agencia Andina.

Según Moscoso, uno de los elementos más llamativos de la portada es la presencia de un personaje que no lleva ninguna camiseta identificada con una selección nacional.

“No necesariamente de una selección, sino de un aficionado que también exactamente le da lo mismo. O sea, que si bien se está jugando un Mundial, donde hay camisetas de distintos equipos que son los más fuertes, hay otro que no tiene ningún distintivo. Lo veo casi como un aficionado, no como un representante de alguno de los países nominados o favoritos”, explicó.

¿Quién es el verdadero ganador?

La presencia de ese personaje sin símbolos nacionales abre una lectura distinta de la imagen. Más que anticipar un campeón, la portada parece sugerir que la verdadera competencia por la atención de las personas ya no se libra únicamente en el terreno de juego.

“Yo creo que por ahí ha tratado de ir esta portada de The Economist, en la cual el fútbol en algún momento va a pasar a un segundo plano por los intereses hoy, tanto de los jóvenes, que están mucho más pendientes de los contenidos en las redes sociales”, afirmó Moscoso.

Bajo esa interpretación, la camiseta sin distintivo representaría a una generación cuya identidad ya no gira exclusivamente en torno a un país o una selección, sino a intereses y comunidades que se desarrollan en el entorno digital.

Más allá de los favoritos

Moscoso considera que la elección de las camisetas que aparecen en la ilustración tampoco responde necesariamente a una lista de favoritos para conquistar el Mundial 2026.

“Si quisieran poner a los favoritos, ahí tendrían que haber puesto a España y a Francia, y no a Estados Unidos”, comentó.

El periodista sostuvo que la presencia de Estados Unidos en el centro de la portada parece estar más vinculada a su condición de anfitrión del torneo que a sus posibilidades deportivas.

“Cuando sale Estados Unidos en el centro es porque es el organizador. Es lo que quiere decir, que Estados Unidos es el organizador”, indicó.

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Los candidatos para el título

Desde una perspectiva estrictamente futbolística, Moscoso identifica a España como la selección que llega en mejor posición de cara a la Copa del Mundo.

“En estos momentos, antes del Mundial, en la cima de la pirámide está España”, señaló.

Detrás ubica a Argentina y Francia, mientras que un segundo grupo de aspirantes está integrado por Brasil, Países Bajos y Portugal.

“Yo diría que entre esos seis está el campeón mundial: España, Argentina, Francia, Brasil, Países Bajos y Portugal”, afirmó.

Respecto a la posibilidad de que Países Bajos conquiste por primera vez la Copa del Mundo, Moscoso considera que es un escenario perfectamente posible.

“Sí es posible, está dentro de las posibilidades”, sostuvo.

Incluso planteó que una eventual final entre Países Bajos y Portugal podría favorecer la aparición de un nuevo campeón mundial, ya que ninguna de las dos selecciones ha logrado el título anteriormente.

Mundial, cultura y atención

Más allá del análisis deportivo, la portada de The Economist utiliza el Mundial como una referencia para reflexionar sobre transformaciones más amplias en la cultura global. La imagen muestra a jóvenes rodeados de símbolos futbolísticos, pero concentrados en las pantallas de sus teléfonos.

En ese contexto, el personaje sin camiseta nacional adquiere un significado especial. No parece representar a ningún país ni estar pendiente del balón. Su atención, al igual que la de los demás, está puesta en el universo digital.

La paradoja que plantea la revista, según la lectura de Moscoso, no gira tanto en torno a quién levantará la Copa del Mundo en 2026, sino a si el fútbol seguirá ocupando el centro de la conversación global en una época en la que las redes sociales compiten permanentemente por captar la atención de millones de personas.

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