Lima 27 Mar. (ANDINA) -
En la presentación de la obra “El sueño del pongo”, adaptación teatral basada en el cuento de José María Arguedas, en Palacio de Justicia, la presidenta del Poder Judicial (PJ), Janet Tello Gilardi, sostuvo que el arte es una forma de pensamiento, de memoria y también de compromiso con la sociedad.
La actividad fue parte del programa “Los jueves culturales del Poder Judicial”, una iniciativa de este poder del Estado orientada a promover la reflexión, el diálogo interdisciplinario y el fortalecimiento de la cultura organizacional de la institución.
“El Sueño del pongo”, relato recogido por José María Arguedas de la tradición oral quechua, narra la historia de un humilde sirviente indígena, conocido como el pongo, que sufre vejaciones y maltratos por parte de su patrón, el dueño de la hacienda.
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Cierto día, el pongo tiene un sueño que revela a su amo, en que ambos se presentan ante San Francisco, quien, tras evaluarlos conforme a sus actos en vida, impone justicia divina que merecen.
“El sueño del Pongo nos confronta con una pregunta vigente: ¿puede haber justicia verdadera si no se escucha a quienes han sido históricamente silenciados? La obra parece responder que no”, afirmó la magistrada.
En ese sentido, Tello Gilardi consideró que una justicia auténtica exige ver al otro, reconocer su dolor, comprender las desigualdades previas y asumir, con humildad, la tarea de construir un país más humano, inclusivo y cercano a las necesidades de los más oprimidos.
Invitación a reflexionar
Sobre la adaptación del cuento por la artista Cristina Lozano Cuba, a través del Teatro Universitario de San Marcos, la jueza suprema refirió que la misma es también una invitación a reflexionar sobre el sentido ético de la justicia en el Perú, sobre su dimensión humana.
Agregó que también significa reflexionar sobre la importancia de dialogar con nuestras raíces, con nuestras tradiciones y nuestra diversidad cultural, así como con las voces que vienen desde los márgenes, pero que tienen mucho que enseñarnos sobre verdad y dignidad.
Cabe señalar que el trabajo de Lozano Cuba incorpora además a personajes testigos de ese dolor y transforma el juicio final en un tribunal cósmico y ancestral, integrado por Inti, Mama Killa, los Apus y Supay, lo que conlleva a una reflexión profunda sobre la justicia intercultural.
“Quizá allí radica una de las grandezas de esta obra: en recordarnos que la justicia no puede reducirse únicamente a criterios occidentales de sancionar; la obra propone pensarla también como como restauración del vínculo humano roto por la desigualdad y el abuso”, dijo la jueza.
(FIN) NDP/HTC/JCC